Pegué un salto del tejado con mis botas bien lustradas y mi sombrero de pluma recién desempolvado, había estado tanto tiempo inactivo, pensando que dejando pasar los años me olvidaría de que te fuiste hace mucho tiempo atrás para no volver jamás. Sin embargo, aquí estoy una vez más, preparándome para ir nuevamente a tu encuentro.
Me deslicé sigilosamente por el patio trasero, tratando de no despertar al perro que parecía que notaría mi presencia en cualquier instante, y de esta forma logré escabullirme por la ventana y llegar hasta la habitación del fondo que era donde me relatabas esas mágicas historias que tanto te maravillaban.
Leíste el mismo cuento tantas y tantas veces, ahí tendida en el fresco y limpio piso, que ahora lo puedo repetir de memoria, mientras imagino que yo soy el personaje principal al que tú seguías con tan efusivo fervor.
Busqué entre la penumbra tratando de distinguir tu diminuta figura, pero todo luce tan diferente, lo único que permanece es el piso frio y limpio donde trato de encontrar al menos un reflejo de tu inocente presencia y de tu imaginación interminable.
Por cierto, vale decirte que aunque hice lo posible porque notaras mi presencia, tú siempre tan absorta, atrapada en los bellos paisajes de tu libro, nunca percibiste cuan cerca estuve de tu vida. Estudié y aprendí contigo los estados y capitales de todo el mundo, mientras te mecías en las ramas del viejo árbol, el que nunca te gusto por cierto, pero que al igual que yo permaneció vigilante de tus sueños atrás de la cocina, hasta que fue removido para permitir la ampliación de la misma.
Siempre fuiste tan soñadora y yo, aunque deseaba que notaras mi presencia, tenía miedo de causarte pánico y terminar con tus sueños y fantasías infinitas que para mí representaban mi único entorno. Pasó el tiempo tan de prisa, que para cuando menos lo pensé un día ya te habías marchado, y fue ahí cuando iniciaron mis largas esperas.
A veces regresabas por unos días, pero eran tan cortas tus estancias que no había tiempo de ni siquiera voltear a ver tus ya polvorientos libros, ellos también esperaban a ser por lo menos una vez más hojeados, pero el tiempo fue el único que como hace el otoño con los árboles, los deshojó de tanto hojearlos. Y así poco a poco quedaron mis esperanzas de volver a vivir tus fantasías, tan secas y decoloradas como las hojas ahora sueltas de tus libros favoritos.
En fin, todos esos recuerdos vinieron a mí en unos cuantos segundos, mientras intentaba esconderme del perro que finalmente notó mi presencia y con sus ensordecedores ladridos despertó a la familia y los puso en alerta, de esta manera pudo llegar hasta la habitación en donde yo aún intentaba encontrarte, y pegó un salto en la cama despertando a quien ahí dormía, yo aún alerta en mi rincón abrí los ojos como platos tratando nuevamente de reconocerte en la penumbra, pero me olvidé de que en la obscuridad mis ojos brillan tanto que me delatan enseguida y asustan a cualquiera.
Así que tanto el niño como el perro me miraron atónitos, y entre gritos y ladridos, salí huyendo despavorido a refugiarme nuevamente en mi aislado y solitario rincón, en donde aún mantengo viva la esperanza, de algún día volver a vivir las maravillosas fantasías que aún emanan de tus recuerdos.
Septiembre 2013. En remembranza de las pesadillas de mi sobrino Daniel.
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